Pilar Quintana no comienza sus historias sabiendo exactamente adónde va. Parte de una sensación, de una pregunta, y deja que la escritura la conduzca. Sus personajes aparecen en ese recorrido, cuando empieza a descubrir quiénes son, qué los mueve y qué heridas los llevaron hasta el lugar donde están.
En sus historias aparecen mujeres, hombres, niñas, madres, animales y paisajes que no es que estén simplemente ahí, están porque tienen algo que decir. La naturaleza se vuelve parte de las historias, de sus personajes; la infancia deja de ser ese territorio feliz que tantas veces imaginamos; la maternidad aparece con sus contradicciones, y la soledad puede adquirir formas inesperadas.
En esta conversación desde Colombia, Quintana habla de cómo construye a sus personajes, de los miedos que atraviesan ‘Los abismos’, de la selva de ‘La perra’ y ‘Noche negra’ siendo parte de un mismo universo narrativo, y de lo que ocurre cuando esas historias dejan el papel para convertirse en películas. También hablamos de leer en tiempos de pantallas, de inteligencia artificial y de la importancia de conservar una voz propia, humana, única con sus luces y sombras.
Pronto se estrenará la adaptación de Dominga Sotomayor de ‘La perra’. La película está hecha en Chile, no en la selva colombiana, y en una entrevista de este año comentaste que aunque no es el mismo clima, ni los personajes, “el espíritu de la historia se mantiene. Y a mí eso me habla de una universalidad de la historia.” ¿En estos meses has podido ver la película? ¿Qué te parece que una directora chilena te haya pedido tu obra para crear su película?
La ví, la película me encantó. Yo había leído el guión antes, el guión me encantó, el guión es de Inés Bortagaray, que es una escritora uruguaya que además es guionista y es una escritora y una guionista extraordinaria.
A mí me encantó el guión, pero pues el guión nunca es la película y me emocionó mucho ver la película.
Creo que Dominga logra algo fenomenal y es hacer una completa adaptación cinematográfica porque esto es una adaptación, no es calcado el libro al cine, sino que hicieron una verdadera adaptación, pero logra esa fuerza que tiene el libro que es el escenario, el pacífico colombiano selvático, tan diferente al pacífico sur de Chile, verdad, pero logra en un escenario completamente nuevo que ese escenario tenga esa fuerza narrativa también, eso me encantó.
Y también me gusta mucho cómo maneja el drama del personaje de una manera muy sutil y poco a poco la va llevando hasta ese estado —no queremos hacer mucho spoiler— al que Damaris llega hacia el final del libro. Una buena adaptación, que hay unas adaptaciones que a veces son súper irrespetuosas.
Cedimos los derechos y la editorial tenía completa autonomía, pero siempre fueron muy respetuosos y además me consultaron el guión, las observaciones que yo tuve las tuvieron súper en cuenta, o sea, fue una adaptación muy respetuosa en todos los sentidos, yo me siento súper contenta.
Cuando vos te has leído un libro que te gustó mucho y luego te ves la película, de alguna manera te sentís decepcionada, porque ese personaje no era como vos te lo habías imaginado, ese escenario no era como vos te lo habías imaginado. Yo creo que como yo soy guionista, me he hecho un trabajo bastante fuerte para entender que nunca va a ser lo que vos te imaginaste, sino que va a ser la interpretación de alguien, una lectura de alguien. Hay lecturas de tu libro con las que te sentís más identificado, otras con las que menos identificado, pero yo pienso que el libro deja de ser del autor y se convierte en el libro del lector. Acá la lectora es Inés Bortagaray la guionista y Dominga Sotomayor y el equipo de producción, y me parece que como interpretación del libro es maravillosa.
También estás trabajando en un guion de ‘Los Abismos’ para llevarla al cine.
Así es, y eso todavía está en preproducción. El guion ya está, yo creo que estamos en una versión ya muy final del guion, pero que todavía creo que puede tener ajustes, creo que todavía falta.
Pilar, ¿cómo vas creando los personajes?, ¿cómo escribes?
Parto como de una sensación, de quiero escribir sobre todavía no sé muy bien qué es y la escritura es el camino que tomo para descubrir qué es lo que quería decir. Las personas o los personajes van apareciendo, pero yo no empiezo a escribir hasta que no conozco ese personaje a profundidad.
Muchas veces esas ideas y esas intuiciones que tengo se quedan en el tintero porque no consigo entender, conocer, saber por qué al personaje le pasaron las cosas, entonces yo lo que hago antes de sentarme a la escritura, cuando estoy en la planeación de la historia, es una cronología del personaje, a veces desde antes de que nace. Pongamos el caso de Rosa —’Noche negra’—, yo tenía que Rosa iba a ser una historia de una mujer que se va a vivir en la selva, se queda sola en una casa sin puertas, en un lugar que apenas está conociendo y, bueno, le van a pasar las aventuras que le pasan. Ahí partí de una pregunta fundamental, ¿por qué Rosa se va a vivir a la selva? Y esa pregunta me llevó a descubrir el personaje desde antes incluso de que ella naciera, de quién es hija, qué herida tiene que la hace desear apartarse del mundo civilizado, de las comodidades de la ciudad. Ella ha crecido profesionalmente, está establecida y decide abandonarlo todo, ¿por qué una persona haría algo así? Y entonces ahí empiezo a crear el personaje con toda su historia.
¿Cuál es su herida, la herida que la marcó, que la lleva a hacer esto? ¿Qué hace que se enamore del novio que tuvo en la universidad, que era un novio abandonador? ¿Por qué?
En tu trabajo, la naturaleza es muy importante, como un gran personaje más.
Sí, yo creo que uno de los ejes fundamentales de mi trabajo literario ha sido la exploración de la naturaleza. De la naturaleza que está allá afuera, pero de la naturaleza humana, y un poco la tesis que viene a concretarse en ‘Noche Negra’ es que la naturaleza está afuera, pero también adentro de nosotros. Que nosotros somos naturaleza y que tenemos esos mismos impulsos y esas mismas características de la naturaleza. Yo creo que lentamente, desde mi primera novela hasta ahora, cada vez ha cobrado más importancia el escenario, no solo como el escenario donde transcurre la historia, sino como parte fundamental de la historia.
Si mi tesis es que somos animales, que pertenecemos al mundo, entonces cada vez es como que la naturaleza se ha ido tomando más los espacios. Mi literatura empezó siendo muy de ciudad y poco a poco las plantas se fueron metiendo hasta que se volvió una cosa llena de plantas, como el apartamento de Claudia —’Los abismos’—, un poco.
Creo que me ha servido mucho para esta exploración del mundo natural humano, tener como escenario el mundo natural de alrededor. Sacar a la gente, a los personajes de la ciudad y ponerlos en el medio natural. O tener al personaje en la ciudad y que la selva le invada.
A propósito de otras autorías en el último libro de Siri Hustvedt ella se pregunta, ¿cómo poner en palabras el abismo?, y pensé de inmediato en tu novela porque siento que en tu libro eso es lo que logras, ¿de dónde nace la idea de escribir ‘Los abismos’, y el título?
Creo que eso se fue fraguando. Yo quería hacer una novela de una familia que estaba naufragando, que estaba deteriorándose. Y también no sé si quería hacerlo, pero era inevitable que me iba a pasar a hacer una historia del gótico tropical, que es un género que brotó naturalmente en Cali, y allá tenemos esos paisajes, tenemos esos carreteras que van a la montaña, con unos despeñaderos terribles y todos los niños caleños conocemos esa carretera y chiquitos las odiábamos porque nos mareábamos y vomitábamos y nos daban terror.
Yo viví en esa montaña, toda la primaria y todos los días tenía que bajar por esa carretera para ir al colegio abajo en el valle en Cali y por la tarde subir. Era una carretera terrible que se llenaba de neblina, y los niños tienen siempre un miedo terrible a perder a sus padres porque dependen absolutamente de ellos. Tenemos ese miedo a la orfandad.
Mi miedo a la orfandad estaba potenciado en que si mis papás salían de noche se iban a matar en esa carretera y no iban a volver. Y mientras yo vivía allá conocí la historia contada por mi mamá, de una señora que había salido de una fiesta en su carro y nunca había llegado ni a su finca ni a su casa en Cali, estaba desaparecida. llevaba muchos años desaparecida.
Yo conocía a la hija de esa señora, era vecina nuestra y era muy amiga de mi mamá, entonces creo que todo esto pobló mis pesadillas infantiles. Existía también esto que la gente repite que la infancia es el momento, la etapa más feliz de la vida y yo decía, me permito dudar de eso. Creo que tuve que hacer un libro para conjurar esa idea de que la infancia es un momento feliz y también para conjurar los miedos de la infancia y para que el lector se asomara conmigo a los abismos de mi infancia. Ahora es una novela de ficción, pero que sí trabaja esas emociones primarias de miedo y atávicas que son mías.
¿‘Los abismos’ es una historia basada en su infancia o tiene otro origen? – CLUB DE LECTURA
No diría basada en mi infancia, sino en las emociones primarias de la infancia. Y como soy una autora de poca imaginación, siempre tomo prestado hechos de la realidad o eventos de la realidad, pero eso queda absolutamente transformado y convertido en mentiras, en ficción.
¿Por qué elegiste la mirada de una niña de apenas 8 años y apenas entendiendo el mundo que la rodea, para presentar una realidad adulta tan asfixiante y violenta? – CLUB DE LECTURA
No es mi vida, ni yo soy Claudia, ni mi familia era como Claudia, ni mi mamá era depresiva. Esta historia era sobre muchos abismos, pero sobre todo los abismos de la maternidad. Es la historia, es el drama de una mujer que pertenece a una generación de mujeres que no eligieron ser mamás, para quienes la maternidad era una obligación, yo creo que ni siquiera se preguntaban “¿quiero ser mamá?” No, les tocaba ser mamá. Se graduaban del colegio, tenían que casarse y tener hijos. Pero yo quería contarla no desde el punto de vista de esa señora, sino cómo fue ser hija de esa generación.
Yo no podía contarla desde el punto de vista de esa generación, porque no pertenezco a esa generación de mujeres, yo fui hija de ellas, y ellas nos dijeron vayan a la universidad, pónganse condón, no se casen jóvenes, esperen para tener hijos, sean autónomas, porque ellas querían que fuéramos lo que ellas no pudieron ser.
Entonces yo conté esa historia desde el lugar que podía contarlo, y conté no solo el drama de la madre, sino más bien el drama de la niña y el drama de la madre visto a través de los ojos de la niña, pero está el drama de las dos.
Me parecía que era importante contar esta historia desde el punto de vista de la niña para desmitificar esa idea de la felicidad de la niñez, la niñez nunca es una etapa completamente feliz, como no lo es la vejez, ni la adolescencia, ni la adultez. Todas las etapas de la vida tienen sus bemoles, sus ángulos y sus grises.
¿Cree que al leer su libro podríamos descubrir algo de nuestros padres que no pudimos comprender de niñas? – CLUB DE LECTURA
Pues eso fue el libro para mí. Mira que yo tenía una primera versión de esta novela, muy primigenia, 40 páginas, yo decía aquí está la historia, pero todavía no está, y no entendía qué le faltaba. La dejé, me fui a un viaje, en ese viaje la agarré, la leí, y entendí qué pasaba, el personaje de la mamá era una mala madre y yo dije, ¿por qué estoy haciendo una mala madre?, y no un ser humano complejo.
En esa época mi hijo, que tendría unos tres años, no sabía diferenciar la palabra mamá de la palabra mujer. Para él mamá era mujer, mujer era mamá, y yo, no, hay mujeres que no son mamás, pero él no comprendía, y yo me di cuenta que yo tampoco, que yo juzgaba a mi mamá como mi hijo. Yo no veía a mi mamá como una mujer, sino sólo como una mamá. Yo era una jueza durísima porque nunca ella iba a poder ser buena mamá, porque era una mujer que tenía sus propios asuntos.
El hijo es súper narcisista, quiere que la mamá se vuelque en él, le dé todo, que viva por él. Ahí yo dije entendí lo que le falta a mi personaje, tengo que mirar a este personaje, no como una mamá, sino como una mujer, y por primera vez en mi historia, muy tardíamente, volví la vista atrás para mirar la generación de mis tías, de mi mamá, de las mamás de mis amigas, para entenderlas.
Creo que para mí eso fue fundamental, poder entender cómo si yo la hubiera tenido difícil como mujer, ellas la tuvieron muchísimo más difícil que yo. Se está asociando además la literatura femenina con un lugar tradicionalmente femenino, que es la naturaleza, la madre. Yo veo un problema con cómo entendemos no solo la literatura sino el mundo actual, y es a través de lo identitario, cómo voy a ser un personaje femenino, es que la estás reduciendo, estás haciendo para el otro lado lo mismo que hace un señoro que reduce a su personaje femenino a lo erótico, su personaje es un par de tetas andantes.
Si hay algo fundamental cuando tienes que ser un ser humano, un personaje, es que sea un ser humano, complejo y completo, con oscuridad, con luz, con todo lo que eso trae.
Me llama la atención que históricamente se habla desde la naturaleza, con distintos tópicos, pero también en Latinoamérica, en los últimos años, otras autoras escriben desde la selva o la naturaleza, pero no desde qué hermosa la naturaleza, sino también desde lo brutal, que plantean imágenes duras también, ¿qué te parece que se escriba desde ahí? ¿Qué es lo llamativo de la naturaleza para ti y cómo fue la génesis de ‘Noche Negra’?
‘Noche Negra’ pertenece al mismo universo narrativo de ‘La Perra’, que transcurre como en el 2010 o por ahí, y Noche Negra en 1980. Si estuviéramos hablando de una serie o una película, sería una precuela.
Ese es un universo narrativo que yo he venido trabajando desde hace muchos años, que está inspirado en mi vida en la selva. Yo viví nueve años en la selva del Pacífico colombiano, y cuando me vine a la ciudad empecé a escribir historias que transcurrían en un universo selvático.
Yo creo que no soy una autora de largo aliento capaz de hacer unos libros de 600 páginas, entonces este universo narrativo no lo he consignado una novela grandísima, sino hay varios cuentos donde está. Está ‘La Perra’, ‘Noche Negra’, y esos personajes se repiten en esos cuentos.
En ‘La Perra’, Gene y Rosa son, están, pero no participan de la trama, son unos extras. Existen en ese universo, pero no están. En el universo de ‘Noche Negra’ sale el tío de Damaris, que es el dueño de ese lugar.
Básicamente la idea de es que mi pareja de entonces, mi esposo, cuando vivíamos en la selva tuvo que irse, y yo me quedé tres meses sola en mi casa de la selva, una casa de madera, precaria, que habíamos construido con nuestras propias manos, que tenía un cuarto que se podía cerrar completamente y el resto de la casa era abierta.
Yo creo que viví la verdadera soledad durante esos tres meses, en unas condiciones cercanas a las de Rosa. Claro, yo lo dramatizo muchísimo más y lo hago más extremo para ella, pero esa soledad que exploro en esa novela parte de mi propia soledad en esos tres meses, pero está inspirado en nosotros.
Y hay temas que narras, como el acoso de los vecinos que igualmente son transversales en su base.
Cuando la novela salió, la leyeron unas editoras y editores de Estados Unidos y del Reino Unido, me decían, es que yo me identifico con Rosa, y no conocían la selva, no son mujeres latinoamericanas, no han vivido como nosotras, no tienen la misma cultura que nosotras, pero sí todas las mujeres compartimos crecer en un lugar donde sufrimos el acoso sistemáticamente desde niñas hasta que nos morimos, eso hace parte de la experiencia femenina. Lo vimos en el Me Too, todas dijimos Me Too, Me Too. Tuve una amiga que dijo Not me, y salieron sus amigas del colegio a decirle, mentira, acuérdese del tal día que nos tocaron el culo cuando nos bajamos de un bus. Es la experiencia de ser mujer.
En una entrevista mencionaste que “la época no importa”, porque no se identifica inmediatamente al leer los libros. Me pasó en ‘Noche Negra’, también en ‘La perra’, quizás es más claro en ‘Los abismos’ cuándo está ocurriendo, ¿hay una mezcla entre naturaleza, especificamente selva y temporalidad más abstracta?, ¿lo hiciste adrede el que no se note la fecha?
Sí lo hice así un poco adrede, pero vos no tenías que saber como lectora cuándo pasaba, pero yo como autora para la construcción de la novela, sí, yo tenía que saber qué estaba pasando en 1980, en qué está pasando en el mundo, porque eso me determina cómo piensa el personaje.
No piensa lo mismo una mujer nacida en 1974 o en 1970 que una nacida en 1940, y uno en 1940, ¿verdad? Entonces, a mí eso sí me cambia todo. Pero sí me parecía que yo tenía que dejarlo un poco desdibujado porque no hay que distraer del drama principal, ese drama no importa cuándo ocurre. A mí como creadora sí me tiene que importar para que esa historia me quede verosímil, pero a vos como lector, no, lo único que tenés es creértela.
Quiero salir de las novelas para preguntar algo más de actualidad. ¿Cómo ves la lectura con el formato digital, y tú qué prefieres?
A mí me encantó el formato digital cuando llegó, yo estaba en Nueva York cuando lanzaron el Kindle, creo que fui la segunda persona en comprarse un Kindle. Estoy exagerando, pero me lo compré inmediatamente. Fue maravilloso al principio porque tenía acceso a libros que no se podían comprar. Eso se acabó porque existe Buscalibre, existen muchas otras páginas, Amazon, y en Colombia hay una librería que vos le pedís el libro y te lo traen, se demora un mes, pero, te lo traen de donde sea.
Tengo ese mismo Kindle, lo dejé morir porque el mundo fue evolucionando y ya no lo necesitaba más. A mí me gusta leer en papel. Ahora no quiero leer en digital y leo en digital cuando no hay más remedio. Veo que es un mercado que crece, pero el mercado principal sigue siendo el mercado del libro. No conozco todo el mercado, pero sí conozco mis informes de ventas que son de más de 20 ediciones, con más de 20 traducciones, es decir en distintos países, y en ellos aparece que mis libros sobre todo se venden en papel en todas partes, pero sí vemos cómo han crecido los audiolibros y cómo han crecido los libros electrónicos.
En estos tiempos todas las formas de lucha están bien, es difícil porque sí creo que estamos leyendo menos, yo misma estoy leyendo menos, porque la virtualidad ha hecho que el mundo se acelere, que estemos conectados todo el tiempo, que estemos leyendo y escribiendo, pero whatsapps, no libros. Que estemos consumiendo contenido de redes sociales, tikloks y posts, y eso supone unas ventajas impresionantes, pero también la degradación de todo.
En Colombia, por ejemplo, no queda mucha crítica literaria, no quedan muchos medios culturales, y muchas veces la única crítica literaria que hay de un libro es un post mala leche de alguien en redes de cuatro renglones en donde destruye un libro. A mí sí me parece que estamos en un momento de un peligro muy grande y es la pérdida de la profundidad, ya no vamos a una revista literaria a leernos una reseña de una novela que tiene, no sé, diez mil caracteres, si no, no es un post de tres líneas, con los booktubers sobre todo con los de Instagram, lo llaman reseña, pero eso no es reseña, es una opinión corta, básica de “este libro me encantó porque habla de esto y de esto”. Es como esas pastillas que había en los medios antes de tres líneas sobre un libro, pero eso no es crítica literaria.
Este año se ha conocido que el escaneo destructivo de libros se está expandiendo, el caso de Anthropic, que terminó en tribunales. De acuerdo con un reportaje de The Washington Post, la compañía detrás de Claude en 2024 impulsó el Proyecto Panamá, que consistió en usar libros para mejorar sus modelos. ¿Qué te parece la instalación de la IA y el uso de libros para entrenar sus modelos? y después de comprarlos, y escanearlos, botarlos.
Ni entiendo cómo se destruyen, no conozco bien el caso, apenas estoy escuchando esto ahorita, no quiero dar una opinión, tengo que pensarlo más. Ahora, lo primero que me viene a la cabeza es que ahí hay un robo de la propiedad intelectual. Después de 85 años de la muerte del autor, pasa a ser dominio público y las historias son nuestras, yo una persona la puedo coger y la transformo.
Yo tengo un libro que se llama ‘Caperucita se come al lobo’, que fue muy famoso y muy infame en Chile, y es una reinterpretación de ‘Caperucita’, eso lo hemos hecho siempre. Lo que pasa es que la inteligencia artificial implica la degradación del material original, y ahí no hay un acto creativo, no implica solo la degradación, sino que ahí no está ocurriendo la creación.
Una persona agarra ‘La Odisea’ y hace una nueva película sobre ‘La Odisea’, nos puede gustar o no, pero ahí hay un acto creativo, pues en la inteligencia artificial lo que hay es robo de las ideas de otro, para además escribirlas peor, o si eran muy malas, pues de pronto mejor, pero no hay un acto creativo verdadero.
En abril presenté un libro de Patricio Pron aquí con mi esposo —Eduardo Otálora— en la Feria del Libro de Bogotá y me parecía muy interesante algo que él decía y que creo que comparto, tengo que pensarlo más, decía que el peligro de la inteligencia artificial no es que nos reemplace, siempre va a haber autores y va a haber la inteligencia artificial paralelamente. El problema es que la inteligencia artificial aplana todo en la escritura y esa puede ser la escritura común, entonces la gente empieza a escribir como la inteligencia artificial. Ahí no hay una voz de autor, una voz propia, ahí estamos perdiendo lo que nos hace humanos, nuestra característica animal fundamental, que es la razón y el poder creativo que tenemos, nuestra cabeza la estamos delegando y estamos dejando que la haga la inteligencia artificial, que lo hace en la medianía, mediocremente y sin voz de autor. Si yo entrego un texto, mi texto seguramente va a tener más errores que los de la inteligencia artificial, pero quizás va a ser más profundo, más agudo, más original, más único, porque tiene sus errores y porque fue decidido por un humano.
¿Cómo crees que se puede motivar la lectura de libros?
Me preguntan eso muchas veces los papás, ¿cómo hago para que mi hijo lea? Y yo siempre le pregunto, ¿usted lee? No, no tanto y yo, mira que mi hijo lee, pero es que en mi casa hay libros, está llena de libros, le hemos leído desde que estaba en la barriga y nos ve leyendo, entonces yo creo que la lectura florece así. Es como un gusto que lo activé en la infancia y se cultiva.
Es difícil encontrar adultos que nunca fueron lectores, que no tuvieron papás lectores y que de repente en la adultez se volvieron lectores. La lectura no es una actividad fácil, es exigente, nos parece fácil porque llevamos leyendo toda la vida, pero es más fácil ver Tik Tok. Yo creo que tener libros en la casa y usarlos para leer hace que las nuevas generaciones lean.
¿Qué autora nos recomendarías?
Les voy a recomendar, no una autora, sino un autor, trans, que se llama Julián Delgado Lopera. Es un autor colombiano, pero vive hace muchos años en Estados Unidos y escribe en inglés. Tiene una novela nueva, su primera novela se llama ‘Fiebre Tropical’, la publicó cuando todavía era Juliana, hizo la transición y ahora es Julián Delgado Lopera, su segunda novela en español se llama ‘Lo primero que se rompió fue el corazón’, la leí recientemente y es genial, está escrita en inglés pero es súper latina y va a salir en Alfaguara con una traducción de Juana Silva. La traducción me pareció también extraordinaria y yo quiero que todo el mundo lea este libro, es un libro absolutamente necesario.
Sobre Pilar Quintana
Pilar Quintana es una escritora colombiana autora de ‘La perra’, ‘Los abismos’, ‘Caperucita se come al lobo’ y ‘Noche negra’, entre otras obras. ‘Los abismos’ obtuvo el Premio Alfaguara de Novela 2021 y ‘La perra’ ha sido traducida a más de veinte lenguas. Su obra ha recibido diversos reconocimientos y ha sido llevada al cine: ‘La perra’, dirigida por Dominga Sotomayor, y ‘Los abismos’, actualmente en desarrollo como adaptación cinematográfica.
Otras voces que conversan en los márgenes
Exploramos narrativas que entrelazan experiencias femeninas desde diferentes perspectivas. Cada historia es un diálogo íntimo con la memoria colectiva.

¿Qué hace que un personaje cobre vida? ¿Qué queda de una historia cuando pasa del libro al cine? ¿Qué significa conservar una voz propia cuando la inteligencia artificial también escribe? Pilar Quintana conversa sobre estas preguntas y sobre los mundos que ha construido en su literatura.

Emilia Aravena dirige la Editorial Cabeza Hueca donde niñas y niños leen, ilustran, editan y deciden
Emilia es una joven creadora. Directora de la Editorial Cabeza Hueca, que comenzó cuando tenía solo seis años. Con el pasar del tiempo, a la editorial se sumó su hermano menor, Rafael, y hoy trabajan también con León, un amigo de su edad.
Cabeza Hueca es una editorial “de niños para niños”, y hoy también un proyecto familiar, apoyado directamente por sus padres, quienes además tienen la Editorial Sherezade, dirigida por la también escritora Lorena Díaz, su mamá. Desde este año cuentan con la librería Oficio y Papel en el Persa Víctor Manuel, pero sus libros también están en librerías de la Región Metropolitana, Talca y Valparaíso.

Mayo cerró con un hito imperdible para el ecosistema literario nacional, con una Estación Mapocho que albergó a miles de visitantes durante sus jornadas, culminó la versión número 25 de La Furia del Libro. Este encuentro no fue uno más, marcó el debut oficial de Carolina Ruiz como directora del evento. En esta entrevista post-festival, la también directora de Editorial Cuneta desmenuza el misterio detrás del “boom” de sellos independientes, las complejidades económicas de un mercado que resiste a punta de consignaciones y el peligro inminente que acecha a la cultura tras los recientes recortes presupuestarios.
