Mayo cerró con un hito imperdible para el ecosistema literario nacional, con una Estación Mapocho que albergó a miles de visitantes durante sus jornadas, culminó la versión número 25 de La Furia del Libro. Este encuentro no fue uno más, marcó el debut oficial de Carolina Ruiz como directora del evento. En esta entrevista post-festival, la también directora de Editorial Cuneta desmenuza el misterio detrás del “boom” de sellos independientes, las complejidades económicas de un mercado que resiste a punta de consignaciones y el peligro inminente que acecha a la cultura tras los recientes recortes presupuestarios.
Una radiografía al corazón del libro en Chile.
¿Cómo evalúas la última versión de La Furia del Libro y la evolución que ha tenido el evento en el último tiempo?
La edición recién pasada es la número 25, porque han sucedido años que hemos replicado la furia más de una vez. Desde el 2023, se empezó a hacer dos veces al año y desde el 2025 se realiza tres veces al año, ahí es cuando llegamos a Estación Mapocho durante el primer semestre. En noviembre incorporamos La Furia Ilustrada que es especializada en libros, álbumes y en ilustración.
Esta fue mi primera Furia como directora. Llevo varios años asistiendo a La Furia más bien como expositora por mi editorial, que es Editorial Cuneta, que son como empresas hermanas con La Furia, porque somos las mismas personas que estamos detrás. Y lo que me sucedió con esta Furia, siento que por un lado tuvo mayor cobertura en prensa, hubo más difusión en los media partners y también mayor participación de editoriales. Creo que la oferta de catálogos está cada vez más diversa, también por el crecimiento de editoriales que están apareciendo en Chile.
Hemos visto que el catálogo se ha expandido notablemente hacia otros géneros. ¿A qué atribuyes la llegada de este nuevo público y qué elementos novedosos destacarías del ecosistema actual?
Hay muchas editoriales que están haciendo libros objetos, nuevas editoriales de poesía, editoriales de artes gráficas, de cómic, de manga, de traducciones de literatura asiática al español. Entonces creo que eso también ha aportado a que llegue nuevo público, más allá de lo que antes teníamos, que era un público muy literario. Ahora es un poco más misceláneo, va a buscar nueva lectura, nuevo género y las editoriales también se están acercando a explorar géneros más comerciales.
Entonces creo que eso también ha hecho que el público se haya ido renovando o por lo menos que se haya sumado gente que antes quizás no concebía La Furia como un espacio en el que podía encontrar, por ejemplo, manga que generalmente los importamos, pero ahora se está produciendo manga chileno. Eso me parece curioso del ecosistema editorial.
Y la otra cosa también es que esta Furia tuvo 50 actividades más que el año pasado. Llegamos a 150 y creo que para una feria que dura solo cuatro días es una programación súper robusta y muy atractiva.
Respecto al público asistente, ¿notaste algún cambio demográfico en esta edición en comparación con años anteriores?
Antes nuestro público era mayormente de 20 a 50 años y mayoritariamente mujeres, porque como indican las cifras mundiales, las mujeres leen más libros que los hombres. Me llamó poderosamente la atención que hubiese hartas personas de la tercera edad y niños y adolescentes. Creo que también eso tiene que ver con la programación de La Furia, que tenemos un escenario infantil y juvenil dedicado para niños y adolescentes y con talleres enfocados en ello. Entonces también eso es convocante.
Mantener la entrada liberada siempre ha sido una marca registrada de La Furia. ¿Por qué es tan fundamental sostener la gratuidad, considerando lo complejo que es para las editoriales independientes?
Desde el comienzo siempre La Furia se concibió como una feria de libros de acceso gratuito, porque queríamos diferenciarnos de otro tipo de ferias que existían en el país que eran con entrada pagada. Y sobre todo pensando en que como las editoriales de expositores que participan en La Furia son independientes, tienen una doble barrera. Por un lado, sus costos de producción son mucho más difíciles de manejar y sostener porque todo libro que uno publica es una apuesta, entonces uno no sabe si realmente al mes siguiente va a retornar una gran parte de esta inversión, a diferencia de las editoriales transnacionales que sí tienen una gran espalda para soportar la apuesta constante.
Y en ese sentido a las editoriales independientes también les cuesta más vender sus libros, porque no tienen los medios quizás de difusión o de prensa, de marketing, que otro tipo de empresas editoriales sí pueden tener. Entonces, tener un costo de entrada nos limitaba muchísimo el acceso para el público que compra el tipo de libro de editoriales independientes.
Y porque también nuestra apuesta siempre ha sido apoyar la industria independiente, hacer que la lectura sea masiva, aportar a la lectoría del país. Entonces, nos parecía un poco injusto que el público tuviese que pagar por entrar a una feria de libros, sobre todo, y entendiendo que además el libro tiene impuestos, tiene un 19 % de IVA, que es uno de los más grandes del mundo en la industria editorial. Bajar la barrera de la entrada pagada nos parecía muy importante para poder traer público y que la gente no se sintiera obligada a pagar una entrada y además después pagar libros con IVA.
En esta versión se potenció el ciclo de charlas de profesionalización. ¿Qué valor rescatas de estas instancias y qué se conversó respecto a los costos de la industria en Chile?
Este año robustecimos harto eso. Me parecieron súper buenas porque eran varias charlas, algunas con inscripción previa, pero otras eran de entrada liberada. Habían charlas sobre edición en Chile, sobre distribución, sobre librerías, de traducción también. Y creo que fueron bastante interesantes para las personas que solo compran libros, que quizás no son editores o que trabajan en la industria, que sepan cómo se concibe un libro, cómo se publica, cuáles son los costos. Y ese trabajo quiero continuarlo las próximas ediciones de La Furia, porque hay muchas personas que piensan que el libro debería costar más barato, pero hacer un libro es caro en Chile. Chile no produce papel, nuestra celulosa se va al extranjero, a Europa, y después el papel viene hecho. Y detrás de un libro hay muchas personas.
Hubo una charla específica de cuánto cuesta un libro para explicar que, en realidad, la industria del libro sí da trabajo. En esta Furia recién pasada hubo 66.000 personas de público, que no haya interés por los libros, que no haya trabajo, no es real. Y creo que este ciclo de profesionalización editorial que hicimos está bueno para acercar a la gente a cómo se trabaja en el ecosistema.
Llama la atención la enorme cantidad de editoriales independientes que vemos hoy en día en el país. ¿Cuáles crees que son las causas detrás de esto?
Yo creo que hay dos causas posibles. Una, que en Chile desde hace varios años existen programas de edición en las universidades. Hay diplomados, magíster en la USACH, en la UDP, en la Católica, en la Academia de Humanismo Cristiano, en la Finis Terra. Y antes la edición era un oficio que se aprendía, pero desde más o menos hace unos 15 o 20 años que empezaron a aparecer estos programas de edición en la universidad.
Y hay personas que, bueno, que ya por gusto a la lectura han decidido estudiar edición para quizás fundar sus propios sellos o para robustecer sus habilidades de corrección o edición de textos por sus trabajos.
A veces hay gente de periodismo que viene de derecho, de diferentes áreas que tienen que saber escribir correctamente porque tienen que redactar textos en sus trabajos. Y como que una cosa ha llevado a la otra y mucha gente se ha interesado en aprender lo que es la edición. Y también ha sucedido como en los últimos 5 años, que los departamentos de literatura infantil y juvenil han crecido en las grandes editoriales, pero también en las medianas y pequeñas. Los jóvenes y la infancia están leyendo mucho, hay mucho fomento lector en los colegios, en las familias.
También hay otro suceso que está pasando que son los clubes de lectura,se está tratando de armar comunidad a través de clubes de lectura, que es una manera de conocer gente y de comentar las lecturas que uno va teniendo.
Creo que eso ha propiciado que haya más programas de edición, que el Estado también da fondos para becas de creación de escritura, la posibilidad de estudiar edición becados, en la línea de formación del Fondo del Libro; los fondos del libro que apoyan la publicación del libro y la asistencia a ferias. Entonces también desde el Estado se ha generado un apoyo consistente en los años para que la política nacional del libro sea respaldada con estos fondos y que la gente pueda optar a estos financiamientos.
Con el avance de la tecnología, muchos pensaron que el formato físico desaparecería. ¿Cómo convive el libro impreso con el mundo digital y qué rol juegan los clubes de lectura en la actualidad?
Creo que conviven bastante bien las ediciones digitales con el libro impreso, porque el libro objeto es coleccionable. De hecho ahora si uno va a las grandes librerías o librerías independientes, te encuentras con diez ediciones de Orgullo y Prejuicio, con tapaduras, con canto pintado, con hojas de diferentes papeles, con ilustraciones.
En este mundo, que uno pareciera que estuviese conectado todo el tiempo con las personas, estás conectado a través de una pantalla, cuesta juntarse con los amigos, estás una semana coordinando horarios. Y antes era mucho más fácil, porque tenías jornadas laborales quizás más fijas. Siento que en la era capitalista, tu tiempo tiene que estar destinado a producir, a producir trabajo para la empresa a la que trabajas, pero también producir en la casa, los tiempos de ocio se hacen cada vez más cortos y con menos sociabilización física, uno sociabiliza todo el tiempo por redes sociales, pero es un contacto virtual. Entonces los clubes de lectura para la gente que tiene el hábito de leer es una manera de conectar con otras personas, de poder conversar de lo que estás leyendo. Es una manera de verte también en el otro. A veces esas conversaciones te dan puntos de vista diferentes de lo que tú entendiste del libro y son instancias en las que uno puede ver a otras personas y no estar leyendo solo en la casa.
Y creo que es muy bonito lo que está pasando ahora. La gente busca armar comunidad porque estamos como tan aislados en la era digital.
Paralelamente a la dirección de La Furia, eres socia de Editorial Cuneta. Cuéntanos sobre tu historia ahí, el sello político que manejan y el gran impacto que significó tener un bestseller.
Estudié literatura, después edición, y empecé a trabajar en Editorial Laurel, una editorial chilena, luego entré a Cuneta, en algún momento dejé Laurel y me pasé a Banda Propia y estuve trabajando en Cuneta y Banda Propia. Y el año 2020 me asocié con Galo Ghigliotto, que es el fundador de la editorial y el fundador de La Furia.
De hecho, Cuneta también comenzó el año 2009, igual que La Furia. Y ahí empecé a trabajar como editora en Cuneta, que es una editorial de literatura latinoamericana, chilena y de poesía también. Es un sello que tiene también sus lineamientos, está comprometida con la literatura de la memoria, tenemos varias novelas sobre la dictadura, varios libros de poesía que hablan sobre eso. Es una editorial política, a nosotros nos interesa mucho hablar sobre diferentes temas, la diversidad sexual, el trabajo sexual, el rescate de la memoria. Es un sello que cumple 17 años ahora, y que se ha trabajado a pulso. Desde el año pasado que tuvimos nuestro primer bestseller, Carmen de Romina Pistolas, nos cambió un poco la óptica sobre lo que es el trabajo editorial, después de tener réditos tras varios años de trabajo sostenido nos impactó bastante tener este bestseller.
El mercado independiente suele ser muy cuesta arriba en lo financiero. ¿Cómo funciona el modelo económico para las editoriales independientes en Chile y por qué es tan complejo de sostener?
Creo que uno de los desafíos de las editoriales independientes es sostenerse económicamente, lo que pasa acá en la industria chilena es que nosotros trabajamos el modelo de venta con consignación. Las editoriales hacen toda su apuesta de imprimir, diseñar, editar, todos estos gastos, y consignan a las librerías directamente los libros, o los consignan a través de una distribuidora. Y consignar es prestar, que tú le prestas a la distribuidora o a la librería los libros, y ellas a fines de mes te liquidan, y te pagan a 60 o 90 días aproximadamente. Sostener ese modelo económico es complejo para las editoriales independientes que no tienen venta masiva como los grandes grupos de editoriales. Y eso también tiene que ver con el trabajo de catálogo que cada editorial hace. A veces conseguir un nicho, como por ejemplo las editoriales que están publicando literatura asiática, como Abducción o Mangaline, que tiene manga chileno y japo, se están abriendo también a tener buenas ventas.
Creo que la construcción de catálogo es muy importante si uno quiere sostener económicamente una empresa, porque todas estas son pequeñas empresas.
Pese a todo este extenuante trabajo administrativo, ¿cuál es la mayor retribución que obtienes de esta labor?
Lo que más me ha gustado es cuando los lectores en las ferias se acercan y te dicen como oye, qué bacán la recomendación que me hiciste en la feria pasada o este libro me hizo volver a retomar el hábito de la lectura o me sentí identificado con tal situación. Esa retribución de saber que le aporté a alguien un buen momento de ocio o de goce de la lectura, me retribuye muchísimo el trabajo administrativo, de acarrear cajas, que creo que es como la maldición de todos los editores, hasta el final, cargar cajas y echárselas a la espalda. Me gusta muchísimo conversar con los lectores en las ferias y también conversar con los libreros, me gusta muchísimo ir a visitar librerías saber cómo van las ventas, cómo están, cuáles son los libros que se están vendiendo.
La conexión de los editores con la librería es fundamental para poder apoyar las ventas de los catálogos y también entender que ellos son un eslabón súper importante, porque fuera de las ferias son quienes principalmente venden tus libros durante el año. El vínculo que tengo con los y las libreras me ha ayudado muchísimo a mejorar el trabajo de Cuneta en ventas, pero también en posicionamiento de marca, en difusión de autores, de autoras. No perder el foco de que ellos son parte fundamental de la cadena del libro.
Existe incertidumbre ante los recientes ajustes presupuestarios en cultura. ¿Cuál es tu visión sobre los recortes en el ministerio y el llamado que haces al sector?
Creo que desde el sector editorial recién estamos despertando del chaparrón de los recortes en el ministerio.
Es preocupante porque muchos proyectos editoriales, ferias, autores, librerías, pueden verse muy afectados en la continuidad de estos proyectos. Y como sectores del libro, nosotros deberíamos empezar a conversar y acercarnos entre los diferentes gremios a ver maneras de hacer alianza, de colaborar, porque es peligrosa la situación para varios trabajadores de la cultura y del mundo del libro. Y si no logramos esa colaboración entre los gremios, en sentarnos a hablar sobre estos problemas, creo que puede ser muy desfavorable en los próximos años para el libro en Chile.
Espero que los diferentes sectores nos empecemos a mover, porque el financiamiento del próximo año no lo tenemos asegurado. Y probablemente lo que el gobierno va a esperar es que la cultura empiece a formar alianzas con el mundo privado, que puede ser beneficioso, pero también a veces las marcas o los financiamientos que estos proyectos pueden conseguir desde el mundo privado te pueden poner lineamientos o topes como editoriales para restringir quizás ciertas actividades o maneras de trabajar. Y eso es peligroso. Es peligroso para la libertad de expresión, para la inclusión, para las disidencias, para las minorías que están presentes en el mundo de la cultura, que no son pocas.
El mundo editorial históricamente estuvo muy masculinizado en sus cúpulas. ¿Cómo ha cambiado la presencia y el liderazgo de las mujeres en la cadena del libro hoy en día?
De mi experiencia personal, he trabajado en dos editoriales en las que estábamos casi completamente equipadas por mujeres, que eran Laurel y Banda Propia. Y después en Cuneta, pero la verdad es que no me he sentido discriminada en el mundo editorial, porque trabajan muchas mujeres.
Las invitadas internacionales de esta Furia fueron las que nosotros financiamos a través del fondo del libro, dos mujeres. La imprentera que también participó de Talleres Gráficos Porter, una imprenta de mucha trayectoria familiar en Argentina, una de sus socias es Andrea Schvartzman, que es muy capa y artista visual.
Probablemente, como yo soy joven, no me tocó vivirlo, pero es real que antes las gerencias, los directores de las editoriales en Chile, o los directorios estaban más compuestos por hombres, los años 80 o quizás hasta mediados o fines de los 90.
De los 2000 a esta parte, sí hay mujeres a cargo. En Penguin está Melanie Jösch, hay editoriales como Pehuén liderada por Rocío Barros, las editoriales infantiles del Grupo Clic son lideradas por mujeres. Creo que está más visible porque ahora suceden muchas más actividades que hace 20 años en el mundo editorial. Hay más lanzamientos, más ferias, más sucesos de encuentro en el ecosistema, y eso hace que estemos más visibles.
Hay mujeres en toda la cadena. Cuando trabajaba en Big Sur Libros, más de la mitad de mis clientes eran librerías lideradas por mujeres. Es cierto que estamos apareciendo más en todo. Pero también es cierto que antes no había tantos cargos de gerencia ni de dirección para mujeres en el mundo chileno del libro.
¿Qué sorpresas o eventos se proyectan para lo que queda del año?
Se viene la segunda edición de La Furia ilustrada en octubre, que es una feria que está posicionándose en las artes gráficas en Chile. Y me gusta muchísimo esa Furia porque convoca a dos públicos, el lector, que lee cómic, lee libro infantil, lee la gráfica, etc. Pero también convoca al público interesado en las artes, en las artes gráficas, en las artes visuales.
Entonces hay, por ejemplo, editoriales que publican fanzines, o editoriales específicas de divulgación de naturaleza, de botánica. Me gusta mucho cómo esos dos mundos comparten espacio en La Furia Ilustrada y es súper interesante ver qué es lo que se está ilustrando hoy en Chile, qué es lo que se está trabajando en esa área. Y en diciembre, se viene La Furia de Verano, el fin de semana antes de Navidad. Por supuesto, ahí también van a haber invitadas e invitados internacionales. Esas dos son en el GAM.
Otras voces que conversan en los márgenes
Exploramos narrativas que entrelazan experiencias femeninas desde diferentes perspectivas. Cada historia es un diálogo íntimo con la memoria colectiva.

Mayo cerró con un hito imperdible para el ecosistema literario nacional, con una Estación Mapocho que albergó a miles de visitantes durante sus jornadas, culminó la versión número 25 de La Furia del Libro. Este encuentro no fue uno más, marcó el debut oficial de Carolina Ruiz como directora del evento. En esta entrevista post-festival, la también directora de Editorial Cuneta desmenuza el misterio detrás del “boom” de sellos independientes, las complejidades económicas de un mercado que resiste a punta de consignaciones y el peligro inminente que acecha a la cultura tras los recientes recortes presupuestarios.

Un recorrido por los barrios y talleres donde la fabricación del pan se convierte en un ritual social que revela las dinámicas económicas, las redes de apoyo vecinal y la memoria olfativa de la ciudad.


